marilin4 Site Admin

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Publicado: Sab Ene 02, 2010 5:48 pm Título del mensaje: EL HOMBRE Y LA MUJER |
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La obsesión sexual del hombre
El hombre y la mujer han olvidado cómo hacer el amor físicamente.
Esta es
la mayor tragedia de todos los tiempos, ya que es la causa de la mayor
infelicidad sobre la Tierra. Tanto ha ido continuando y empeorando
lentamente el olvido durante muchos miles de años, que ahora es un
problema crucial. Esto significa que sólo el hombre o la mujer
individual
tiene alguna oportunidad de empezar a corregirlo. No puede haber
soluciones en masa. El problema es demasiado personal y demasiado
profundo. Cada uno tiene que hacerlo por él o por ella mismo, o no se
puede hacer.
La infelicidad básica de la mujer, su perenne descontento, se debe a
que
el hombre ya no puede alcanzarla físicamente. El exceso emocional de
ella,
sus depresiones, sus lacrimosas frustraciones, incluso la tensión
premenstrual, y finalmente las condiciones que conducen a una
histerectomía y otros problemas uterinos se deben al fracaso sexual
del
hombre en liberar y recoger sus energías femeninas más fundamentales y
más
finas al hacer el amor.
Estas energías extraordinarias bellas o divinas son hipersensitivas y
cuando se dejan sin extraer en la mujer, como están ahora, degeneran
en
trastornos emocionales o psíquicos, y finalmente son ellas las que
cristalizan en anormalidades físicas. El útero da a luz a todas las
cosas.
La infelicidad básica del hombre, su inquietud perenne, se debe al
olvido
de cómo hacer el amor correctamente a la mujer, él ha perdido su
autoridad divina y con ello el control sexual de él mismo. Su
degeneración
psíquica o emocional se manifiesta racialmente como una obsesión
sexual.
Todos los hombres sin excepción son obsesos sexuales.
La obsesión sexual origina en el hombre una fantasía sexual
compulsiva,
masturbación crónica, aún cuando el pueda vivir con una pareja, la
represión sexual lo conduce a la cólera, la violencia, y al síntoma
universal de perderse a sí mismo en el trabajo y la persecución de la
riqueza para compensarse por su ineptitud como un verdadero amante.
Los
negocios y el coleccionar riquezas son tapaderas en ambos sexos por la
incapacidad o el miedo de amar bellamente a través del cuerpo.
A través del descuido del hombre de amar como mujer, el hombre sufre
de
eyaculación precoz, culpa, ansiedad, duda de sí mismo, impotencia,
atrofia
sexual, disfrazándose como desinterés sexual, abstinencia sexual
debido al
miedo reprimido al fracaso, bravata sexual y falta de verdadera
sabiduría.
Todo ello él se lo inflige de nuevo a la mujer, agravando de esta
manera
el descontento básico de ella y su propia inquietud.
Cada virgen que se une hoy con un hombre está inmediatamente
contaminada.
La falta de amor de él germina en ella la semilla racial del
descontento.
Ella se desilusionará.
Ser un ser humano masculino completamente integrado requiere que el
hombre
asimile a través de su cuerpo las energías femeninas divinas que la
mujer
sólo puede liberar para él cuando hace el amor físico correctamente.
Pero
el hombre tiene que ser suficiente hombre, esto es, tiene que ser
capaz de
amarla lo suficiente, amarla lo suficientemente de forma divina o
desinteresada durante el acto, para extraer estas energías del más
profundo centro de la mujer. Esto no depende de la técnica. Ello
requiere
amor, puro amor.
Ser capaz de amar esta forma es la autoridad que el hombre ha perdido,
y
su única verdadera autoridad sobre la mujer.
La mujer, sin embargo, no cederá y no puede ceder sus energías divinas
a
ningún hombre que todavía no sea el mismo, esto es, que no esté
totalmente
integrado o alineado, no importa lo mucho que ella lo ame y quiera
darle.
Como muy pocos hombres sobre la tierra son hoy día ellos mismos, es
decir,
poseen la autoridad para expresar y absorber el suficiente amor a
través
de sus cuerpos para alcanzar la parte más alta de la mujer, la brecha
de
infelicidad entre hombre y mujer continúa creciendo.
El principal problema en hacer el amor es la eyaculación precoz del
hombre. Y la mujer, como explicaré más tarde contribuye a esto
insospechadamente. La eyaculación precoz se debe a la emoción causada
por
la excitación y anticipación por parte de ambos. Esta emoción
particularmente en el hombre está ahí tiempo antes de que comience el
juego
amoroso o el acto físico.
En el hombre hay una continua excitación presexual, o un nivel de
agresión
incrementada de emoción, debido a su fantaseamiento sexual normal u
obsesión sexual. A través de la broma y de la conversación sobre sexo
con
otro hombre, lecturas sobre sexo, alusiones maliciosas al sexo en
compañías mixtas, pensando en sexo, mirando a mujeres en público y
haciendo conexiones lujuriosas conscientes y habitualmente
inconscientes,
el hombre mantiene relativamente alto su nivel de agresión básica o su
emoción sexual.
Si te imaginas a un hombre como un termómetro sexual normalmente
estará
registrando unos 25 grados de emoción sexual a causa de su obsesión
sexual, mientras que la mujer está alrededor de los 5 grados. La mujer
es
básicamente menos agresiva que el hombre porque ella no está
básicamente
obsesionada con el sexo. Como consecuencia, fuera de sus numerosas
fijaciones e inhibiciones, el hombre está preparado para el sexo a
cualquier hora, mientras que la mujer no. Para que ella quiera hacer
el
amor necesita que se aumente su temperatura sexual básica.
En el juego amoroso antes de unirse, el flirteo, manoseo, los besos y
las
caricias de los pechos y genitales elevan la temperatura sexual o la
emoción por ambas partes. Esto, añadido al nivel normal elevado de
estimulación del hombre debido a su obsesión sexual, lo hace fantasear
mucho más intensamente que ella. Por tanto, de nuevo su temperatura
sexual
se eleva a mucha mayor velocidad.
Para el momento en que está a punto de entrar en ella, el se está
quemando
a noventa y nueve grados, y subiendo rápidamente con expectación e
impaciencia. Ella está en sus confortables y agradables setenta
grados, y
también elevándose.
A veces ella solo tiene que abrirle sus piernas: la imagen fantástica
final realizada y el eyacula, o su pene la toca o simplemente penetra
los
labios de la vagina y se corre, o justo se las arregla para entrar en
la
vagina y en segundos su temperatura sexual cae de un febril ciento y
pico
hasta cero mientras egoístamente eyacula en un estado de
frialdad y de desinteresada falta de deseos.
La mujer es amor, gracias a Dios. El amor es su verdadera naturaleza
por
debajo de toda emoción, nociones y fijaciones. Si ella lo ama, o si
ella
sola ama, puede soportar la decepción sexual. La mujer en todos los
niveles
representa a la madre, el verdadero arquetipo femenino, la madre
tierra,
en la que todos nosotros nos deleitamos y encontramos nuestro placer,
incluso si ella es solo una botella de whisky hecha de granos de
tierra y
agua.
El hombre, tal como es ahora, es como un niño ante el amor sin
fronteras
de ella, la verdadera mujer que toda mujer sabe que es, por debajo de
sus
neurosis. En su amor ella puede perdonarlo por correrse, anulándole a
ella
su propio mecanismo de deseo, tomar su mundana inquietud expresada en
su
orgasmo y acogerlo allí dentro de ella, amuchachado y nuevo en su
breve
momento de paz.
Para la mujer, la satisfacción de su amor es tomar de él dentro de
ella,
todo lo que él pueda dar, mientras en recompensa le ofrece cada pedazo
de
ella misma en una entrega completa y dulce de amor. Pero cuando el
hombre
se va prematuramente no la ama lo suficiente para darse a ella por
completo. El no tuvo tiempo. Por tanto ella no pudo darle todo el
amor
que ella tenía que dar. Al llegar él se fue, la dejó. A causa de ello
él
es un poco menos hombre, ella es un poco menos ella misma, y en contra
de
la escalada de la lucha racial entre hombre y mujer para unirse están
un
poco más apartados.
La mujer cuando ama puede disolver en ella misma la mayoría de las
frustraciones ocasionadas por la eyaculación precoz del hombre. Así y
todo, cualquier emoción residual de ello se vuelve una parte del
demonio
que lo crucificará a él mañana. Pero su amor no puede compensar del
todo
la necesidad insatisfecha de ser relevada de sus energías más finas,
para
expresar o descargar al hombre en el acto de amor su belleza femenina
intrínseca, la fragancia divina que se desarrolla continuamente en
cada
mujer y que está detrás de toda necesidad del hombre de ella. El dolor
de
tener que llevar esta carga innecesaria debido al descuido del hombre
es
el profundo agravio que sostiene los arranques castigadores de cólera
y la
furia emocional del demonio.
Un hombre que llega prematuramente ha perdido temporalmente su poder
de
amar, se ha perdido a sí mismo, por lo tanto no puede tomar la entrega
completa de la mujer y por eso está sin la auténtica autoridad. El lo
sabe
y se avergüenza de ello. La única autoridad válida que el hombre puede
tener sobre la mujer es a través del amor, y esa autoridad se la
concederá
ella cuando él le demuestre suficiente amor para aceptarla y tomar su
total entrega. ELLA PUEDE DAR SOLO LO QUE EL PUEDE TOMAR.La inventada autoridad física y económica del hombre sobre la mujer en
el
mundo durante los últimos miles de años ha sido parte del feo trabajo
de
"pagarla con ella" por la propia debilidad de él -la abdicación de su
verdadera autoridad-. La trágica división entre ella y su amante
continúa
de generación en generación, por que el hombre se ha olvidado de sí
mismo,
ha olvidado como amar, y la mujer, que puede ser tan generosa y
magnifica
como auténticamente amorosa, no puede darse a sí misma, no puede
alcanzar
su satisfacción natural sin él. _________________ http://www.paislibre.tk/#
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